Author Archives: Diana

Teorizar la inmovilidad desde la antropología

Llamada a propuestas de comunicación para el simposio:

Teorizar la inmovilidad desde la antropología: experiencias, normatividades y articulaciones

https://coca.antropologia.cat/simposi/19-teorizar-la-inmovilidad-desde-la-antropologia-experiencias-normatividades-y-articulaciones/

Coordinado por Diana Mata Codesal y Fabiola Mancinelli (Universidad de Barcelona) en el 2º Congreso Catalán de Antropología (CoCa). El plazo para el envio de propuestas termina el 31 de agosto de 2021. Las comunicaciones pueden ser en catalán o castellano. El Congreso tendrá lugar en Girona, los días 27, 28 y 29 de enero de 2022.

Este simposio invita a una exploración teórica y empíricamente fundamentada de las definiciones, posibilidades y limites teóricos de la inmovilidad como concepto. A partir de una mirada relacional y situada en la actual fase capitalista, el simposio plantea que existe una tensión dialéctica, basada en diferenciales de poder, que aúna la movilidad y la inmovilidad, constatando que de la misma forma que el ser móvil tiene significados diferentes según las personas y los lugares, las comprensiones de la inmovilidad también son complejas y dinámicas. Para ello invitamos contribuciones etnográficas que muestren el rango de experiencias que puedan tener cabida bajo la etiqueta de inmovilidad dado que tradicionalmente esta ha sido definida en negativo, como la ausencia de movilidad. Estamos especialmente interesadas en aquellas propuestas que presten atención a 1) procesos de significación asociados a la inmovilidad; 2) sistemas de atribución de derechos que establezcan quién está autorizado o no a qué tipo de inmovilidad; así como a 3) las articulaciones existentes que engarcen la inmovilidad con situaciones de movilidad, con distintas intensidades y a distintos niveles y escalas.

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Petricor, el aroma de la lluvia

Las medidas de distanciamiento físico implementadas para contener la transmisión de la covid y el uso de mascarilla han supuesto un cambio brusco en el régimen sensorial de muchas de nosotras. La sensorialidad de nuestro día a día se ha visto abruptamente modificada, llevándonos en ocasiones y sobre todo al principio a un malestar corporal, un no saber cómo comportarnos, que se sentía en el cuerpo. ¿Os acordáis de cómo os sentíais al no saludar o despedirnos sin darnos besos, abrazos o apretones de manos? La inicial incomodidad corporal era consecuencia del cambio abrupto en un ritual corporal que teníamos internalizado, que nuestro cuerpo sabía y hacía sin pensar. La extrañeza ponía de manifiesto todo ese saber no articulado y difícilmente articulable que reside en el cuerpo (como montar en bicicleta) sobre el que de repente debido al cambio rápido impuesto adquiríamos consciencia.

Los sonidos de la voz humana se amortiguan con la mascarilla, quienes llevan gafas con la mascarilla sin lugar a dudas ven limitada su visibilidad, a través de las gafas enteladas con el aliento los colores seguramente se perciben menos brillantes, el sentido del tacto, fuente de placer se ha convertido ahora en una fuente de riesgo a evitar. Hace poco salía un artículo periodístico que apuntaba a la importancia del tacto en la sociabilidad humana (podéis leerlo aquí, esta en inglés).

Pero sobre todo el olor se ha visto modificado. La mascarilla añade una capa sobre la nariz y limita un sentido al que normalmente no prestamos mucha atención a pesar de su ubicuidad (o tal vez por ella). De hecho hay muy pocas palabras en el idioma español para definir específicamente un olor. Tenemos que recurrir a comparaciones “huele como o huele a”. Si lo comparamos con la ingente cantidad de palabras para definir colores es muy fácil situar la importancia que le damos a lo visual y a lo olfativo en nuestro contexto.

Petricor es una de las pocas palabras que existen en castellano para hace referencia directa a un olor, el olor de la tierra mojada después de llover. Petricor, el aroma de la lluvia, término que proviene del griego, petra-piedra y ikhor-líquido que fluye por las venas de los dioses[1]. Recuerdo ese olor, el olor de jara mojada cuando abríamos rápidamente las ventanillas del coche al llegar al pueblo castellano de mi madre para las vacaciones en verano. Probablemente nunca, o muy pocas veces olí físicamente ese olor, ya que agosto en Zamora no suele caracterizarse por lluvias. Ese es uno de los atributos del olor, su capacidad para emanar, re-crear experiencias pasadas de una manera sensorial. La famosa madalena de Proust.

Otra lluvia memorable tuvo lugar a muchos kilómetros de distancia, con un océano de por medio, en los Andes ecuatorianos en la estación seca, cuando tras muchos días se sequía en la que llovían cenizas debido a las quemas de los restos de la caña de azúcar tras la zafra y sin agua corriente, de repente empezó a llover muy fuerte. Ha sido sin lugar a dudas el petricor que más me ha gustado, y la mejor ducha de mi vida!

[1] Aunque para ser precisas, hay que decir que es una invención lingüística hecha por geólogos en la década de 1940, originalmente en inglés pero actualmente en consideración por la RAE para ser includia en el diccionario.

Crisis y sentidos de injusticia

Acaba de salir publicado el libro editado por Sílvia Bofill y Mikel Aramburu Crisis y sentidos de injusticia : tensiones conceptuales y aproximaciones etnográficas, en el que he tenido la suerte de participar con el capítulo “Luchas por el control de lo escaso en un barrio de Barcelona“.

 

 

 

 

 

 

 

Partiendo del concepto de escasez, trato de explicar las respuestas locales a las tensiones generadas como consecuencia de formas intensas y, en ocasiones, incompatibles de estar en una plaza de un barrio periférico de Barcelona en un contexto de escasez material (de bienes y servicios de uso público, incluidos espacios al aire libre de acceso abierto no mercantilizados, como plazas y zonas de juego) que tiene lugar en un espacio de escasez simbólica o falta de reconocimiento (Fraser, 2000). Esta falta de reconocimiento es consecuencia del estigma territorial que ha acompañado tradicionalmente a este barrio y a sus habitantes desde la génesis en su forma actual con la llegada de gran número de migrantes internos a Barcelona en las décadas posteriores a la Guerra Civil.

En el contexto de polarización económica generado por la crisis y el desmantelamiento de las escasas redes de apoyo social del estado de bienestar en España en general y en Cataluña en particular (los recortes sociales fueron más intensos que la media estatal y en 2017 era la comunidad autónoma que mayor proporción de recorte en gasto social y sanitario mantenía), la competencia por recursos cada vez más escasos entre los sectores en la parte baja de la estructura social se percibe por muchos de estos grupos como la única estrategia para asegurarse el acceso a alguno de los pocos recursos todavía disponibles. Esa misma competencia y las lógicas de los juegos de suma cero avivan los sentimientos de injusticia cuando no se produce el acceso a los recursos disponibles o cuando, aun accediendo, estos son insuficientes (Aramburu, 2020: 208).

La escasez y el recurso preferencial a la competencia como mecanismo de reparto de la misma se apoyan en lógicas clasificatorias que dividen a sujetos y grupos en merecedores y no merecedores. El merecimiento es una pieza clave de la llamada economía moral del neoliberalismo. Como argumentan Aramburu y Sabaté (2020: 98), los juicios sobre el merecimiento de alguna persona o grupo de personas son a menudo juicios sobre derechos. En el caso etnográfico que nos compete nos encontramos con un grupo de vecinos antiguos que reclama derechos sobre las escasas plazas y espacios al aire libre de acceso abierto del barrio, en concreto, el derecho a determinar las maneras correctas de comportarse en estos lugares. Este grupo de vecinos está compuesto por personas de edad avanzada con unas demandas específicas de uso sobre la plaza que son, por lo general, diferentes de las de otros grupos generacionales (frente a, por ejemplo, la necesidad de espacios para jugar a la pelota de los niños, estos vecinos mayores requieren de espacios para salir de casa y descansar tranquilamente, lo que genera tensiones por las formas de estar en la plaza). Buscan en definitiva establecer los comportamientos adecuados e inadecuados en la plaza y, de esa manera, marcar quién merece estar en la plaza, cuándo y cómo. Para ello aplican la terminología del in/civismo como forma localizada de la gramática del merecimiento, que permite dividir a quienes se encuentran en la plaza entre cívicos e incívicos.

Vigilant Immobility

At the end of 2018, I was challenged to think about waiting (you can see it here). I had no idea of how premonitory that would be. At that time, I argue that it could be fruitful to think beyond the «waiting for» perspective. My aim was trying to figure out how «waiting with» could change our experience of waiting. We live in a society that depicts itself as always in movement, 24/7 as something good. We got the imaginary that if we don´t move, we get stuck. Movement, speed, motion… all mottos of our time. We live projecting forward, the future as the most important time. Doing things, or not doing them, for the sake of the future, we keep on investing for the future… This, often individualistic, linearly progressive inclination prevents us from looking around, for inhabiting the present.

However, the possibility of “waiting with” is increasingly becoming not accessible for most people, as more and more we are forced to engage in what I call «stressful waiting». In a sort of alert stasis, many people -being asylum seekers on-premises waiting to file their asylum claim, migrants waiting for the right time to bodily cross the border, unemployed workers waiting for the phone to call- live in a state of «vigilant immobility». Long waiting periods alternated with short windows of opportunity demanding an immediate response. It creates the need to be in a state of constant alert while waiting, with no information about when or how the chance to act or move is going to arrive, or even if it will ever come up. The temporal horizon is variable, running from hours to years (in some cases comprising even more than one lifetime).

Pandemia y cuidado

Comencen les jornades de reflexió sobre la cura, como element polític i social, al Palau Macaya amb la Dolors Comas d’Argemir, de la Universitat Rovira i Virgili, la Sílvia Bofill, de la Universitat de Barcelona i la María Ángeles Durán. En aquesta primera sessió (dijous 21 a las 18.30h) tindrà lloc la conferència inaugural de les jornades de reflexió orientades a avançar cap a la democratizació de la cura. L’emergència sanitària generada per la COVID-19 ha posat de manifest la fragilitat de la organització social de la cura i la necessitat de situar-la al centre del debat social i polític per afrontar els reptes de l’envelliment de les nostres societats.

És una activitat presencial (amb totes les mesures de seguretat), gratuïta, però amb reserva prèvia que podeu fer aqui:

https://palaumacaya.org/ca/p/pandemia-i-cura_a13804241

 

Care as method

I am happy to participate in the workshop “Care as Method” taking place within the Conference “Geographies of Care“. I am looking forward to thinking and discussing with colleagues about the opportunities and challenges of care as method in social research.

The idea of caring (in) Academia is exciting but with care becoming a fashionable and mainstreamed term, I feel we need to remain alert about the risks of care becoming a buzzword, emptied of all its complex, relational and revolutionary elements. An example could be the issue of self-care, and how it is used sometimes in the individual(ized) entrepreneurial logics of the self in neoliberal Academia. (e.g. universities providing mindfulness and yoga classes) signals clearly this trend. To avoid these risks, I consider necessary:

  • To acknowledge all the previous work calling for a more caring Academia, many of which has been made by female (feminist) geographers: Martina Caretta, Victoria Lawson, Lisa Mountz… There is also relevant work on this by researchers using participatory methods and (feminist) anthropologists.
  • To problematize current calls to an “ethics of care” which do not address, previously or simultaneously, the way care is organized, the so-called care work. If demands for incorporating care in the way neoliberal university functions do not deal with structural issues, we are falling again into the tramp of offering individual solutions to structural problems. This will also increase the gap between established researchers who can afford to care for students and colleagues and those in precarious positions. Care takes time, effort and know-how, and if it is to be included into the way things operate within university, we cannot advocate for scholars to do it on their own. It is tremendously unfair to ask colleagues to be more caring with their students and in their virtual teaching for instance, when those colleagues may be pressed by caring demands of dependants at home, not been provided with internet or PC facilities by their universities, and the tenured-clocked not stopped during lockdown, among many other things. This way, scholars are asked, or expected, to do even more of what they were already doing without providing extra support (in terms of extra payment or time for instance).
  • Given how care is a feminized activity, it is important to point at the extra burden that asking for more caring relations within Academia may place on female academics. There is evidence that students and colleagues does not treat equally female and male lecturers/colleagues, with for instance teaching evaluations and expectations are gender-biased according to the instructor gender. Female academics are perceived as more easily approachable and often required to provide “care” for their students in a way males not. We need to overcome understandings of care as personal inclination and start thinking about it as a qualified activity that requires time, effort and skills.
  • To be aware that a caring university requires a caring society. Caring within Academia does not have to imply a trade-off with caring outside Academia, for scholars’ own dependants at home. So, for instance, taking care of dependants in a lockdown time, would not have negative impact on the academic career.

COVID, cuidados y procesos

Recibo estos días constantes invitaciones a participar con reflexiones, apuntes y notas sobre la situación de confinamiento debido al COVID-19 en la que nos encontramos. Veo académicos (habitualmente hombres) aprovechar estos momentos de cuarentena para poner en marcha interesantes proyectos de recolección de datos sobre lo que está pasando. A mi inicial malestar y auto-cuestionamiento sobre mi aparente falta de capacidades organizativas que hacen que no sea capaz de normalizar una situación excepcional y que se traducen en la absoluta imposibilidad de seguir trabajando como si nada en mis tareas académicas y docentes a la vez que cuidado de mi hija de dos años encerrada junto a mi en casa, le acompaña cada vez más la certeza de que volvemos a olvidar que cuidar es absolutamente imprescindible y que cuidar requiere tiempo, esfuerzo, presencia y saber hacer.

Cuidado por los y las estudiantes a quienes doy clase, con el consiguiente esfuerzo emocional y de tiempo necesario para recoger y acomodar sus necesidades en este momento.

Cuidado por las necesidades básicas de mi hija (ir a comprar y hacer la comida para alimentarnos, mantener niveles de orden y limpieza vivibles, dormirla, y otra miríada de acciones necesarias e invisibilizadas) pero también de su bienestar emocional en una situación que es especialmente dura para una niña de dos años que de un día para otro deja de poder salir a jugar al parque.

Cuidado por las compañeras y colegas en las que estoy en proyectos y que están pasando por momentos vitales duros.

Cuidar requiere estar, es puro proceso.

Si hace tiempo aprendí a desconfiar de currículums desproporcionadamente brillantes (y es cierto que he conocido personas que tienen esos currículums y no practican ninguna de las prácticas despreciables de abuso y pillaje con las que inflan sus méritos), esta crisis me está enseñando a repensar qué puede (o no) haber detrás de quienes rápidamente son capaces de proponer reflexiones sesudas e iniciar proyectos interesantes. Y si están para eso, ¿para qué no están? ¿A quiénes no están cuidando? No es baladí la cuestión. De hecho toca los cimientos mismos de un sistema que se basa en el resultado sin importar los procesos. En el finalismo del capitalismo que busca producir más y más barato sin importar cómo se lleve a cabo esa producción. En la academia que se guía por número total de publicaciones e índices de impacto y que es incapaz de incorporar medidas sobre el cómo se ha desarrollado la investigación en la relación con las personas con las que trabajamos, dentro y fuera del mundo académico. A mi el “qué” cada vez me dice menos sino va acompañado de información sobre el “cómo”. Cada vez estoy más enfocada en los procesos. Porque si lo pensamos, no hay objetivos en la vida, en el fondo, esta es única y exclusivamente proceso.

Acciones de Intervención Social a través de las Artes

Estoy encantada con la invitación que me ha hecho la Univerisdad Olavide de Sevilla para participar en su programa sobre Arte y Compromiso y poder compartir la experiencia de la Cámara a Cuestas, un proyecto colaborativo y experimental basado en la fotografía con mujeres migradas que desarrollé junto a increíbles colegas en Bilbao en 2015. Guardo especial cariño a este proyecto porque fue el primer proyectos participativo que desarrollé para dar respuesta a mi creciente incomodidad con el caracter extractivista de la producción académica de conocimiento y las características neoliberales de la producción del mismo. Despues vinieron muchas más cosas en esta línea de alianzas más allá del mundo universitario y las metodologías participativas que puedes ver en Metodologías Participativas.

Aquí podeis ver el programa de los dos días: Acciones de Intervención Social a través de las Artes. Será un reto y una gran oportunidad de compartir y aprender.

 

Precarietat i im/mobilitat al Primer Congrés Català d’Antropologia

ACTE INAUGURAL: Hegemonies, precarietats i dependències: els contextos de producció del coneixement antropològic

La taula de debat inaugural té com a objectiu plantejar una discussió sobre el marc actual de la recerca antropològica situant-la en el seu context social, polític, econòmic i afectiu d’emergència. Es tracta de visibilitzar i reflexionar sobre un conjunt de pràctiques que no conformen simplement el context exterior de la producció del coneixement, sinó que són una part indestriable d’aquest procés. Això implica pensar com, d’una banda, les condicions laborals, els requeriments de les convocatòries de finançament, l’oferta de places i llocs de treball, els criteris d’acreditació i avaluació de la producció científica i, de l’altra, l’increment de la burocratització, però també les trajectòries individuals, familiars i afectives, o la mobilitat acadèmica i personal, entre d’altres, són condicionants que determinen l’orientació i el desenvolupament de la investigació. Com es relacionen aquestes condicions de producció del coneixement antropològic amb les nostres pròpies recerques? Com les afecten? Com es construeixen i són travessades per determinants de gènere, de classe o d’origen ètnic, entre d’altres? A partir de la intervenció de tres persones amb trajectòries diferents dins d’aquest context, pretenem obrir un espai de debat i de reflexió conjunta sobre les circumstàncies que ens afecten col·lectivament com a comunitat professional i científica.

Participants
Diana Mata-Codesal Doctora per la Sussex University. Antiga investigadora postdoctoral a les universitats de Deusto, UNAM i Pompeu Fabra. Forma part de l’Observatori d’Antropologia del Conflicte Urbà (OACU) i del Grup de Recerca en Gènere, Identitat i Diversitat (GENI).
Giacomo Loperfido Doctor per l’EHESS i la Università degli Studi di Bergamo. Ha tingut una Post-Doctoral Research Fellow a la University of Fort Hare i una beca postdoctoral a la University of the Western Cape (Sud-àfrica). Ha estat investigador contractat pel projecte Grassroots Economics (GRECO) de l’European Research Council.
Jordi Gascón: Doctor per la UB. Ha treballat des del 1995 en l’àmbit de la cooperació internacional, on ha estat coordinador de l’àrea de projectes de la Xarxa de Consum Solidari i de l’àrea d’anàlisi del Foro de Turismo Responsable. Actualment és professor lector a la Universitat de Barcelona i forma part de l’Observatori de l’Alimentació (ODELA).
Modera: Camila del Mármol (UB)

Can we afford waiting?

These are some of the considerations about waiting I presented as the keynote speaker recently at the ANTHROMOB international workshop on Mobility and the Future of Work.

Immobility and waiting have been often disregarded as irrelevant topics of study. In fact, waiting is often attached to those called left-behind, people who do not migrate but are part of families with migrant members. In particular women have often been perceived as “waiting penelopes” (Mata-Codesal 2016) from Homer’s Odyssey and the image of Penelope, who waits for her traveller Odysseus. The so-called Odysseus and Penelope syndromes are particularly illustrative of this: the former to name the feeling of displacement experienced by migrants, while the latter refers to the sense of abandonment experienced by migrants’ relatives. The impossible situation of waiting is sublimated and poeticized in this ancient epic, where love and faithfulness are able to overcome twenty years of separation. Penelope as the ‘left behind’ is commonly portrayed as passive, subordinated and lacking agency in their relatives’ mobility decisions. However, recent research questions the passive nature of the so-called left behind, and show the necessary roles they play in their relatives’ migratory projects and the development and maintenance of transnational social fields (Mata-Codesal 2015). People’s waiting for their relatives’ return may not just entail a passive inertial situation, in some cases we can even consider their waiting agential, active and intentional (Gray 2011), fulfilling essential tasks for the success of the migratory project.

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